Dado que somos seres finitos, condición
acompañante a lo vivo, nuestro tiempo está contado ¿cuál es el resultado de
esta cuenta? Nadie lo sabe. Como somos consientes de que lo único eterno es el
deseo de eternidad y que tarde o temprano envejeceremos al punto de nuestras
posibilidades habrán disminuido, no es descabellado plantear ¿está usted aprovechando el día? Podríamos
preguntarnos que es “aprovechar”; cada quien tiene diferentes nociones de lo
que vale un día y como quiere pasarlo, vivirlo. Nadie debería querer inducirnos
una forma de tal aprovechamiento; cada quien con su reloj sabe si estamos
llegando tarde al futuro. Un concepto que resulta útil en la empresa del
aprovechar es Carpe diem, Size the day,
es decir – pese a sonar reiterativo – aprovecha el día. Nuestro énfasis,
sin caer en una insana carrera, debería estar puesto en sacar provecho de cada
día en el cual tenemos el privilegio de despertar.
En la sociedad actual todos parecen ser
víctimas de un perseguidor. Todos corren, pero ¿a dónde, de quién? No ignoro el
hecho del apuro fundado o que a veces simplemente el tiempo dado no alcanza,
pero tanta prisa nos acerca más al futuro y pasamos los días sin haberlos
vivido, sino simplemente transcurrido esperando el fin de semana u otro
acontecimiento – lamento defraudar a aquellos que suponen que la vida está
compuesta por dos días y la noche de uno. El trabajo, el estudio, ambas, el
tener, el no tener, la puntualidad exagerada, lo que nos es impuesto desde una
esfera que nos es ajena.
¡Interviene en forma activa en el
aprovechamiento placentero del día! Intenta hacer el bien, ayudar (hasta en las
pequeñas cosas), no hacer el mal, vive en sociedad y no seas uno más del montón
que marcha homogéneamente por el subte; regala un sonrisa y un gracias.
Agradece que la evolución te nombró humano –
podrías ser una cucaracha y ser víctima de la implacable suela de una mujer
valiente – y a su vez aprende del animal que no odia, no tiene guerras, protege
a los suyos, respeta el ambiente que le da la supervivencia.
Índice del tiempo perdido
Podríamos decir que una posible forma de
definir el índice del tiempo perdido, sería:
EV – TP = ITP
donde EV es esperanza de vida, es decir
estadísticamente cuanto vivirá un hombre promedio, TP es tiempo perdido y ITP
es el índice resultante. O bien plantéate si quieres tener el impacto numérico
cual porcentaje de las 24 horas pasadas has vivido según lo que tu consideres
una forma plena de vivir.
Definir tiempo perdido podría llevarnos mucho
tiempo justamente y no quiero hacer perder al lector su tiempo – suficiente que
está leyendo y por tanto el reloj corriendo. Bajo éste término se encuentran –
si esta definición no es de su agrado, tengo otras – aquellas actividades
corporales o mentales que para nosotros (dado que no hay estándares objetivos
al respecto) han sido ladrones de nuestro preciados minutos. A modo de ejemplo
citaré algunas de ellas:
-
Hacer
fila (en banco, facultad, municipalidad, etc)
-
Ascensor
(aunque sea más rápido y cómodo que subir hasta el piso 21 por las escaleras)
-
Estar
pensando en cosas totalmente improductivas (es decir para aquellos como yo,
dubitativos, que estamos pensando y pensando y las acciones esperan)
-
Ir
a lugares sin ganas por compromiso social
-
El
tráfico, eterna fila de autos, vaya ironía a paso de hombre.
-
Fumar
cigarrillos para algunos dado que indefectiblemente disminuye nuestra salud
pero algunos lo prefieren o no pueden evitarlo (aquí no hay juicio de valor, ya
que quien escribe, fuma y para colmo estudia medicina)
-
Otras…
Si logramos sentir placer hasta en lo cotidiano
del día a día (empresa nada fácil) habremos sacado máximo provecho del devenir
del tiempo y a su vez el correr del tiempo subjetivo, aquel que sentimos pasar,
nos será lento cual vals de caracoles.
Albert Einstein decía que el tiempo no se percibía de la misma forma si por
ejemplo tocamos una pava con agua hirviendo o estamos con una hermosa mujer.
¡No se trata de matar
relojes ni de ser relojeros!
Habría que propiciar a la comunidad una serie de
lecciones bajo el nombre administración del tiempo, es decir disponer de
nuestros recursos limitados en pos de que el día no pase sin nosotros.
Hasta cierto punto el vivir lo más
placenteramente posible – cosas que en
la realidad es una suerte de utopía – hará hacernos creer que el tiempo que
pasamos, lo hemos vivido y él no se ha perdido allí por el pasado.
El tiempo pasa sin su carga de eterno avance,
cuando asumimos su ser. Inconciencia del flujo temporal, como cerrar un momento
los ojos para que el corazón no sienta. Abstracción del espacio – tiempo como
libertad del agobio que a veces nos impone la realidad, mas nunca escapar.


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