martes, 20 de diciembre de 2011

Tiempo perdido

                      

Dado que somos seres finitos, condición acompañante a lo vivo, nuestro tiempo está contado ¿cuál es el resultado de esta cuenta? Nadie lo sabe. Como somos consientes de que lo único eterno es el deseo de eternidad y que tarde o temprano envejeceremos al punto de nuestras posibilidades habrán disminuido, no es descabellado plantear ¿está usted aprovechando el día? Podríamos preguntarnos que es “aprovechar”; cada quien tiene diferentes nociones de lo que vale un día y como quiere pasarlo, vivirlo. Nadie debería querer inducirnos una forma de tal aprovechamiento; cada quien con su reloj sabe si estamos llegando tarde al futuro. Un concepto que resulta útil en la empresa del aprovechar es Carpe diem, Size the day, es decir – pese a sonar reiterativo – aprovecha el día. Nuestro énfasis, sin caer en una insana carrera, debería estar puesto en sacar provecho de cada día en el cual tenemos el privilegio de despertar.

En la sociedad actual todos parecen ser víctimas de un perseguidor. Todos corren, pero ¿a dónde, de quién? No ignoro el hecho del apuro fundado o que a veces simplemente el tiempo dado no alcanza, pero tanta prisa nos acerca más al futuro y pasamos los días sin haberlos vivido, sino simplemente transcurrido esperando el fin de semana u otro acontecimiento – lamento defraudar a aquellos que suponen que la vida está compuesta por dos días y la noche de uno. El trabajo, el estudio, ambas, el tener, el no tener, la puntualidad exagerada, lo que nos es impuesto desde una esfera que nos es ajena.
¡Interviene en forma activa en el aprovechamiento placentero del día! Intenta hacer el bien, ayudar (hasta en las pequeñas cosas), no hacer el mal, vive en sociedad y no seas uno más del montón que marcha homogéneamente por el subte; regala un sonrisa y un gracias.

Agradece que la evolución te nombró humano – podrías ser una cucaracha y ser víctima de la implacable suela de una mujer valiente – y a su vez aprende del animal que no odia, no tiene guerras, protege a los suyos, respeta el ambiente que le da la supervivencia.

Índice del tiempo perdido

Podríamos decir que una posible forma de definir el índice del tiempo perdido, sería:

EV – TP = ITP  

donde EV es esperanza de vida, es decir estadísticamente cuanto vivirá un hombre promedio, TP es tiempo perdido y ITP es el índice resultante. O bien plantéate si quieres tener el impacto numérico cual porcentaje de las 24 horas pasadas has vivido según lo que tu consideres una forma plena de vivir.

Definir tiempo perdido podría llevarnos mucho tiempo justamente y no quiero hacer perder al lector su tiempo – suficiente que está leyendo y por tanto el reloj corriendo. Bajo éste término se encuentran – si esta definición no es de su agrado, tengo otras – aquellas actividades corporales o mentales que para nosotros (dado que no hay estándares objetivos al respecto) han sido ladrones de nuestro preciados minutos. A modo de ejemplo citaré algunas de ellas:

-         Hacer fila (en banco, facultad, municipalidad, etc)
-         Ascensor (aunque sea más rápido y cómodo que subir hasta el piso 21 por las escaleras)
-         Estar pensando en cosas totalmente improductivas (es decir para aquellos como yo, dubitativos, que estamos pensando y pensando y las acciones esperan)
-         Ir a lugares sin ganas por compromiso social
-         El tráfico, eterna fila de autos, vaya ironía a paso de hombre.
-         Fumar cigarrillos para algunos dado que indefectiblemente disminuye nuestra salud pero algunos lo prefieren o no pueden evitarlo (aquí no hay juicio de valor, ya que quien escribe, fuma y para colmo estudia medicina)
-         Otras…

Si logramos sentir placer hasta en lo cotidiano del día a día (empresa nada fácil) habremos sacado máximo provecho del devenir del tiempo y a su vez el correr del tiempo subjetivo, aquel que sentimos pasar, nos será lento cual vals de caracoles. Albert Einstein decía que el tiempo no se percibía de la misma forma si por ejemplo tocamos una pava con agua hirviendo o estamos con una hermosa mujer.

¡No se trata de matar relojes ni de ser relojeros!

Habría que propiciar a la comunidad una serie de lecciones bajo el nombre administración del tiempo, es decir disponer de nuestros recursos limitados en pos de que el día no pase sin nosotros.

Hasta cierto punto el vivir lo más placenteramente posible  – cosas que en la realidad es una suerte de utopía – hará hacernos creer que el tiempo que pasamos, lo hemos vivido y él no se ha perdido allí por el pasado.

El tiempo pasa sin su carga de eterno avance, cuando asumimos su ser. Inconciencia del flujo temporal, como cerrar un momento los ojos para que el corazón no sienta. Abstracción del espacio – tiempo como libertad del agobio que a veces nos impone la realidad, mas nunca escapar.






 

                                                                                        Ignacio Toer

















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