Las cosas
se visten con majestuosos vestuarios.
Desde la
perfecta elegancia de los imperios de antaño hasta las tierras secas de la
ausencia, del todo blanco que desasosiega
hasta la nada que si bien habla no expresa su
infinita carencia
Tú te
entrelazas con las nubes, juguetes del viento, en una danza que te asciende
cada vez más alto
Las flores
tienen romances con la primavera, mas el celoso invierno separa los labios que
una vez supieron besarlo todo
Tus labios,
ah esas almohadas en las cuales quiero dormir mis besos; tus ojos, aquellos
portales que supieron dejarme entrar, me trasforman una y otra vez pero siempre
estoy yo.
Tal vez la
inmortalidad, entendida como la vuelta desde donde confluyen la nada y la
memoria, sea posible. Me trajiste desde el letargo agónico de la soledad a un
mundo nuevo y por ello te lo debo todo.
Ignacio Toer
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