Una mañana de verano el insolente amanecer nos sorprendió
Osábamos estar despiertos sin reloj y danzábamos libremente
Una tarde de otoño el viento jugo con las hojas y tus cabellos
Nos interrogamos acerca del paradero de la hoja hija de la libertad
Nos subimos a una de ellas, vimos la ciudad desde los tejados
Las calles hacían de cementerio para ellas y de fértil tierra para nuestros pasos sedientos de destino
Una noche invernal de blanca estirpe un cope se pozo en tu mejilla
Nos abrigamos del frío uniendonos en un abrazo que parecía prometernos que nunca estaríamos solos alguna noche de invierno
Un día sin época ni astros nos besamos y volveremos a repetirlo
Un día así la promesa de eternidad todavía seria verdad
Todos los días me muestran que pese al frío del invierno te abrazo, mas te me escurres al mundo onírico del cual a veces vuelves
Recuerdo, revivo, vuelvo a llorar, levanto la mirada y veo que todavía hay camino para andar.
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